¡La improvisación estratégica existe!

En Gratia pensamos que planificar es humano, pero improvisar es divino. Bueno, no exageremos, pero sí es verdad que ser buenos improvisadores es una necesidad para cuando lo inesperado suceda. Y siempre sucede.

Como paso inicial, desaprendamos: la improvisación suele ser vista como el último recurso, algo para chantas, una especie de solución de emergencia que surge cuando los planes fracasan. Sin embargo, en un entorno donde las reglas cambian tan rápido (como con las tendencias de TikTok o una emergencia reputacional) la improvisación no sólo es útil, es esencial.

 

¿Qué significa improvisar estratégicamente?

Lo contrario a actuar al azar o sin preparación. La improvisación estratégica se basa en tener una estructura sólida que permita ajustes rápidos.

Traducido a marketing o comunicación, significa tener objetivos claros, pero marcos flexibles. Por ejemplo, el saber que tu campaña busca aumentar el conocimiento de marca, te da la libertad de probar nuevos mensajes o canales si algo inesperado sucede, como un cambio cultural o económico, o un emergente en los medios, como el “andá payá, bobo”. Con una agencia despierta (holis) y un margen de libertad, lo podés aprovechar casi en tiempo real.

 
Ser ágil no significa ser caótico; significa estar preparado para el caos (linda frase, ¿eh?)  

Tres racionales por si te preguntan por qué prepararse para improvisar:

1. Lo más importante es que aumenta la conexión con la audiencia: adaptarse a las conversaciones cambiantes demuestra empatía, frescura y compromiso. Si la audiencia está hablando de algo y vos te subís rápido, el impacto es mayor. Acá te dejamos los ejemplos de Oreo y Casio. 2. Podemos acelerar la toma de decisiones: prepararnos y armar protocolos con márgenes para improvisar, nos permite accionar rápidamente, sin estresar la línea de aprobaciones. 3. Mejora la calidad de las decisiones: reaccionar a tiempo está bien, pero tener claro nuestras posibilidades y límites ante oportunidades o riesgos, permite salir a decir cosas relevantes y evitar meter ruido.

 

Objetivo claro, mente abierta: te damos tres claves para improvisar estratégicamente.

1. Conocé tu propósito e identidad de marca.

Antes de reaccionar ante un cambio, preguntate: ¿esto ayuda o se desvía de la construcción de marca? ¿Cómo reaccionaría una persona normal? En momentos de presión, es fácil tomar decisiones impulsivas. Pero los mejores marketers saben que cada pivote debe alinearse con la meta principal.

Ejemplo práctico: durante la pandemia, marcas como Nike ajustaron su mensaje para enfocarse en el bienestar en casa, pero nunca perdieron de vista su objetivo de inspirar movimiento y deporte. Sus campañas de “Play Inside” no sólo fueron relevantes, sino también coherentes con su misión de marca.

2. La velocidad es vital, pero también la reflexión.

Cuidado: en comunicación o publicidad, la velocidad o mata o salva. Reaccionar rápido a un cambio de mercado puede marcar la diferencia entre liderar una conversación o llegar tarde. Sin embargo, improvisar no significa ser el primero a toda costa. Se trata de ser el primero en aportar algo relevante. Re-le-van-te.

Los consumidores premian a las marcas que responden rápidamente a eventos sociales o culturales, pero también penalizan a aquellas que lo hacen de forma insensible, poco creativa o desconectada. Rápidos sí, tontos, no.

Por eso, antes de actuar o salir, es vital preguntarse: ¿esto aporta valor o sólo ruido? Y si no estás seguro, hay que repensar hasta encontrar algo relevante u original.

3. Va a pasar: prepará el kit de supervivencia para improvisar.

Parece un paradoja, pero la mejor improvisación es la que se prepara. Toda improvisación estratégica es más efectiva cuando tenés recursos listos para usar y un protocolo de acción para cuando suceda. Esta lista que te compartimos nunca será perfecta, pero te puede orientar:

* Activos versátiles: creá materiales que puedan ajustarse rápidamente (p. ej., visuales genéricos que admitan diferentes mensajes). * Equipos multidisciplinarios: pre-definí un equipo diverso para emergencias, que brindará perspectivas más ágiles y creativas ante problemas inesperados. Grupito de WhatsApp, ya te huelo. * Datos en tiempo real: tené a mano herramientas para medir conversaciones, como Google Trends o plataformas de monitoreo social para detectar cambios en las tendencias. Las redes como TikTok te muestran sus propios trends, así que ya tenés varios dashboards ad-hoc para ir tanteando.

Un caso de datos: cuando Spotify detectó un auge de canciones nostálgicas durante la pandemia, ajustó rápidamente sus mensajes para enfocarse en playlists que evocaran confort y familiaridad. Esto no sólo resonó emocionalmente, sino que también aumentó el engagement en un 30% en ese periodo.

Y esas serían las claves. Vamos cerrando con algunas consideraciones finales:

 

Como siempre, apelar al sentido común para saber cuándo callar, hablar o parar.

Hay un riesgo en improvisar: perderse en el momentum y desviarse del plan original. Esto se evita estableciendo puntos de control: evaluá constantemente si tu improvisación está funcionando o si necesita ajustes, pausas, silencios o, directamente, darle un sano stop. La flexibilidad no debe convertirse en confusión y ninguna improvisación debe sacarte de tu posicionamiento o tono de marca.

 

Y como volverá a pasar, mejor aprendé.

Improvisaste exitosamente para salir de una crisis o aprovechar una oportunidad, ¡felicitaciones! Pero volverá a suceder. Por eso, cada vez que realices un pivote, documentá todo, capturá el conocimiento, fijate en qué se trabaron y qué fluyó, y tratá de llegar a conclusiones universales. ¿Qué funcionó? ¿Qué no? ¿Qué aprendimos del proceso, equipos, competidores, métricas, audiencias, protocolos, comunicación entre nosotros? Todo sumará y ayudará para la próxima vez que haya que improvisar.

Suena raro decirlo, pero un buen Playbook de Improvisación se convierte en un activo valioso para el aprendizaje continuo, y te permitirá improvisar mejor para cuando vuelvas a necesitarlo.

Cerramos con una reflexión muy filosófica: ¿viste que hablamos de improvisación y jamás usamos la trilladísima metáfora del jazz? Punto para nosotros.

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Tres tipos de analítica.

En Gratia amamos la intuición, las emociones y las musas que inspiran. Son tres de las patas de esa criatura hermosa de mil cabezas llamada creatividad. Pero no por amar lo blando nos olvidamos de lo duro porque, en el mundo de la comunicación, las decisiones respaldadas por datos ya son una necesidad, y nuestra marca registrada.

En este snack 🥒 queremos hablarte sobre los tres tipos de analítica que transforman la manera en que tu empresa toma decisiones, conecta con sus audiencias y optimiza sus operaciones: la descriptiva, la predictiva y la prescriptiva.

¿Empezamos a desglosarlas?

 

La analítica descriptiva. O entendiendo el pasado.

Es la básica: a partir de las fuentes de datos, los cruncheamos para obtener insights de forma objetiva y clara. Queremos entender y describir qué sucedió, respondiendo preguntas como:

* ¿Qué pasó? (Ejemplo: equis rendimiento de una campaña o pieza). * ¿Cuándo? (Ejemplo: si era la fecha adecuada, si corría junto a otra, si era la primera vez, si había competencia). * ¿Dónde? (Ejemplo: en qué plataforma, área, país). * ¿Quién estuvo involucrado? (Ejemplo: qué campaña, pieza, acción). * ¿Cómo sucedió? (Disparadores, exponenciadores o mitigadores). * ¿Por qué sucedió? Acá buscamos unir puntos y entender la causa raíz de lo que se midió.

Para responder a estas preguntas se usan técnicas matemáticas, bastante conocidas para los que estén en tema (medidas de tendencia central, de dispersión, representaciones gráficas, tablas de frecuencias, comparaciones, etc.).

Digresión: usamos “etc” porque es un snack breve, ¡no un paper científico!

Esta analítica mejora la comprensión de los datos y la identificación de patrones, tendencias y relaciones entre ellos que podrían pasar desapercibidos a simple vista. Y es super útil, porque facilita la toma de decisiones informadas y estratégicas.

 

La analítica predictiva. O anticipando el futuro.

Por ejemplo, querés saber si en tu campaña de back to school vas a vender más y, por lo tanto, deberías invertir más en comunicación, distribución y fuerza de ventas. ¿De dónde sacás la info? No, la bola de cristal no es opción. La sacás de los datos. El objetivo principal de la analítica predictiva es anticipar lo que sucederá, con el fin de tomar decisiones más acertadas y proactivas.

Te basás en la construcción de modelos predictivos, que son algoritmos complejos que aprenden de los datos y son capaces de identificar patrones y relaciones difíciles de correlacionar. Por eso tiene un grado de sofisticación mayor a la anterior, porque utiliza técnicas avanzadas de estadística, aprendizaje automático y data mining para predecir resultados futuros con base en datos históricos y patrones actuales. Esta analítica ayuda a tomar decisiones más proactivas y reduce riesgos, identifica nuevas oportunidades de negocio, personaliza el marketing y mejora la experiencia del cliente.

Y si bien están fuera de nuestro expertise (somos una agencia, no todólogos) se usa para mil cosas cotidianas, como pronosticar la demanda de productos, detectar fraudes, predecir el mantenimiento de equipos y hasta calcular posibilidades de incendios forestales, por ejemplo.

NOTA: si estás en un bosque, no dejes fogatas sin apagar.

 

La analítica prescriptiva. O tomando decisiones inteligentes.

Saber qué es lo más probable que ocurra y qué hay que hacer al respecto son dos cosas distintas. Por eso, esta analítica se enfoca en recomendar (prescribir) los mejores accionables en base a predicciones futuras y análisis de escenarios hipotéticos.

Es decir, va un paso más allá y sugiere qué se debe hacer para alcanzar un objetivo.

Acá ya nos metemos en océanos de datos y mucha, pero mucha, lucidez humana. Rara vez (o nunca) los acontecimientos se producen de forma aislada. La tecnología nos muestra correlaciones, pero el talento humano tiene que detectar las interconexiones y construir escenarios hipotéticos para comprender detalladamente lo que hay que hacer para cambiar las trayectorias futuras.

Del mismo modo que tu médico prescribe la mejor medicina sobre la base de un examen minucioso de tu historia clínica y tus análisis, las mejores acciones prescriptivas se basan en un contexto hipotético bien comprendido.

 

La magia está en la combinación.

A esta altura del snack suponemos que ya fue quedando claro:

* Descriptiva: entendés lo que ocurrió y detectaste patrones. * Predictiva: anticipaste lo que podría suceder. * Prescriptiva: sugerís y actuás con precisión para lograr mejores resultados.  

Ahora quizá te estés preguntando si tenés que usar una, o las tres. Bueno, no todas las empresas pueden llegar a la máxima sofisticación; ya empezar por la más básica, es un gran avance.

Pero si te agarró la desesperación para incorporar analítica para tus comunicaciones de marketing o comunicaciones internas, tomátelo con calma… ¡¡LLAMANOS!! 🔥🔥 No, chiste, podés empezar tranqui: para obtener insights descriptivos tenés herramientas accesibles como Google Analytics. Y luego podés escalar progresivamente, integrando soluciones predictivas con plataformas como Tableau o Power BI. Ahora, para la analítica prescriptiva, acudí a expertos que te ayuden a armar el modelo.

En comunicación, los datos son tan valiosos como la visión, la intuición y la creatividad. La analítica no es sólo para los equipos técnicos. Y si estudiaste una carrera de Humanidades y creías que los números no eran para vos, bueno, es hora de cambiar de mentalidad.

¿Opiniones?

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Convertí a tus colaboradores en influencers internos.

¿Te preocupa enviar correos que vayan directo al spam? ¿O postear en tus plataformas internas con una voz anónima que no conecta, en vez de alguien real?

También es una preocupación para los clientes de Gratia. Las “áreas parlantes” son entelequias lejanas que, al final, se convierten en irrelevantes. Así que este snack 🥪 te comparte ideas para aprovechar el poder de los influencers orgánicos y que logres impulsar el engagement y maximizar el impacto de tus comunicaciones internas.

Ah, en aras de la snackidad (o brevedad, como prefieras) lo dividimos en dos partes:

Cómo identificarlos.

Cómo empoderarlos.

 

Cómo identificarlos: cuatro indicadores.

No necesitás herramientas sofisticadas para identificar a tus líderes naturales. Observá con atención a tus colaboradores y buscá:

1. Referentes de temas: líderes o referentes de temáticas, negocios, áreas, cuya voz tenga autoridad. 2. Liderazgo informal: personas que, sin ocupar cargos jerárquicos, influyen positivamente en sus equipos. 3. Habilidades comunicativas: colaboradores con capacidad de conectar con los demás y construir relaciones sólidas. 4. Experiencia y conocimiento: colaboradores (o necesariamente líderes) con expertise en áreas específicas, capaces de compartir información valiosa con sus colegas.  

Cómo empoderarlos: cuatro vitaminas.

Una vez que hayas mapeado a estas personas, pasemos a darles mayor poder.

1. Capacitalos: proporcioná a tus influencers herramientas para comunicar eficazmente, crear narrativas atractivas y utilizar responsablemente las plataformas internas. Pueden ser capacitaciones internas por parte del equipo de CCII o externas de alguien experto en desarrollo de marca personal. Si no se animan a escribir, sé su ghostwriter y hacelo vos, pero respetando su voz. 2. Empoderalos: permití a tus influencers comunicar con su propio estilo y conectar auténticamente con su audiencia (siempre respetando los valores y los mensajes claves de la empresa). 3. Co-creá contenido atractivo con ellos: encuentren o piensen historias que emocionen, datos que sorprendan y mensajes que resuenen. No tengas miedo de usar diferentes formatos como videos, gifs o infografías, o humor (¡hola, memes!). 4. Usá la analítica: apalancate en los datos para medir el alcance, el engagement y resultados de sus participaciones. Medí el timing, formatos, lugares en donde publica. Aprendé todo y ajustá en base a eso.  

¿Y funciona? ¡Hey, no hubiéramos escrito este snack si no diera resultado!

Humaniza, acerca, da credibilidad, multiplica conversaciones, mejora lo que decimos y aumenta el compromiso. Y el compromiso no es algo etéreo, sino que impacta directamente en la rentabilidad. Un estudio de Gallup (2022) demuestra que las empresas con altos niveles de compromiso tienen un 21% más de rentabilidad y aumentan sus ganancias hasta tres veces más rápido que sus competidores.

Por lo tanto, si bien no son la única palanca para lograrlo, los influencers orgánicos son una pieza clave para la rentabilidad.

 

Y se termina (o empieza, si lo ponés en práctica).

Quisiéramos cerrar este snack con un pensamiento muy breve: no hay tecnología que no pueda mejorarse con un toque humano. Con alguien cuya influencia positiva fluya y conecte a toda la organización.

Por lo tanto, detectar, empoderar, cuidar y reemplazar a estas personas es un must para los equipos de CCII. Un esfuerzo continuo que, aunque sencillo en su planteamiento, requiere de método y consistencia, porque tiene un impacto profundo y sostenible en la cultura y los resultados.

Ni más.

Ni menos.

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Los 7 pecados capitales del benchmarking.

Pregunta, queridos snackeros, 🥪 ¿están totalmente seguros de que sus prácticas de benchmarking los impulsan hacia la innovación y no los están hundiendo en la mediocridad?

Si están 100% seguros, listo: saludos, nos vimos, besito.

Si tienen aunque sea un 1% de duda, desde Gratia ponemos en consideración algunos criterios, porque el benchmarking, si no se hace bien, es más un obstáculo que una ayuda.

Recordemos la sana naturaleza de esta disciplina: informarte éticamente sobre los otros jugadores, evitar el plagio y transformar la inspiración de terceros en diferenciación propia. 

Pero a veces hay metidas de pata que pueden arruinar el esfuerzo, por eso te presentamos los 7 pecados capitales que traban cualquier análisis competitivo eficiente. Empecemos.

1. La soberbia: creer que no necesitás benchmarking.

“Nosotros no necesitamos mirar a la competencia, somos únicos.”

“Somos los líderes de la categoría, nos copian a nosotros.”

¡Ah, bueno, sorry!

La realidad es que este pensamiento es el principio del fin. Ninguna marca opera en un vacío, y la soberbia puede cegarte ante amenazas o tendencias que podrías capitalizar. Kodak, Blockbuster y cientos de empresas líderes desaparecieron porque sus killer apps salieron de lugares inimaginables. Sentirse invulnerables y modélicos sin mirar alrededor, es peligrosísimo.

Redención: si sos líder en tu categoría, el benchmarking no es un signo de debilidad, sino de inteligencia estratégica. Adoptalo como una herramienta para evolucionar. Abrite a nuevas perspectivas y aprendé de los demás, benchmarkeate de otras industrias o de pequeños emprendedores locos y ágiles… suelen crecer.

2. La Avaricia: guardarte todo para vos.

Dentro de una empresa, el benchmarking no debería ser un proceso aislado en un área, sino multidisciplinario. Si estás en marketing, mirarás a la competencia bajo ese filtro. Pero alguien de ingeniería la mirará desde esa perspectiva. Y así con otras disciplinas: pricing, tecnología, logística, todo. Si los descubrimientos no se comparten con el equipo o no se traducen en acciones concretas que muestren el todo, sirven de poco. La avaricia de la información puede llevar a sesgos y puntos ciegos.

Redención: convertí el benchmarking en un ejercicio colectivo, un pool de información 360 (qué viejo sonó) para ver la realidad con todos sus matices.

3. La lujuria: fascinarte con tendencias o novedades vacías.

Lo nuevo siempre llama la atención, pero no todo lo que está de moda funciona para vos. La obsesión con las tendencias puede llevarte a perseguir objetivos que no son relevantes para tu marca, o que hasta la desposicionen.

Redención: Centrate en lo que funciona y genera valor. Estar al tanto de las últimas tendencias es importante, pero no te obsesiones con la novedad. Evaluá si una tendencia está alineada con tus objetivos de negocio antes de invertir en ella.

4. La Ira: la comparación obsesiva, o abandonar el proceso al primer no-descubrimiento.

Por un lado, compararte obsesivamente con los demás puede ser frustrante y desmotivador; nunca serás igual. Y por otro lado, no todos los benchmarks producen resultados inmediatos. La frustración puede llevarte a abandonar el proceso antes de tiempo.

Redención: concentrate en tus propias fortalezas y en cómo mejorarlas dentro de tu realidad, posibilidades, contexto y tipo de empresa. Y por otro lado, sé consistente, porque el benchmarking es un track a largo plazo de algo sumamente dinámico y cambiante. En pocos meses tendrás un cuadro mucho más rico que si hubieras abandonado al primer mes.

5. La Gula: analizar todo sin priorizar.

¡Pará, aflojá! ¿Vas a benchmarkear todo? El exceso puede paralizarte. Es fácil caer en la tentación de querer medir todo y perder de vista lo que realmente importa. Mapear la totalidad de tus competidores directos e indirectos es un objetivo inalcanzable; no todo es relevante y, a veces, menos es más.

Redención: definí objetivos claros (¿qué querés saber, para qué, de quién, para accionar cómo?) y enfocá tu análisis en las prácticas y métricas que realmente impacten en tu negocio. El resto es secundario, o directamente ruido.

6. La Envidia: obsesionarte con la competencia (o los líderes de la categoría).

Mirar demasiado la vereda de enfrente puede hacerte perder de vista tu propia casa. Si vivís imitando, nunca vas a liderar y, peor, te vas a camuflar con los que tengan más presupuesto que vos. La envidia te puede llevar al error de copiar tácticas sin adaptar el contexto ni considerar si realmente tienen sentido para tu marca.

Redención: inspirate, pero siempre adaptá, mejorá y, fundamentalmente, usá lo del otro para buscar algo totalmente distinto. Preguntate: ¿esto refuerza mi propuesta de valor o me aleja de ella? ¿Esto me mimetiza o me diferencia?

7. La Pereza: flojera del pensamiento y superficialidad del análisis.

¿Copiaste una métrica sin entenderla? Felicitaciones, acabás de perder el tiempo. Un análisis superficial solo te dará datos, no insights. ¿Publicaste en redes sociales el mismo chiste que tu competidor ? Felicitaciones, demostraste poca creatividad. La profundidad es clave: no se trata de saber qué hace tu competencia, sino por qué lo hace, cómo lo ejecuta. Copiar sin analizar es como querer construir un castillo de arena en una tormenta.

Redención: pensá de manera crítica. Preguntate siempre: ¿qué puedo aprender de este dato y cómo lo conecto con mi estrategia? ¿Qué puedo hacer diferente de mi competidor? No seas un simple imitador.

¿Te reconociste en alguno de los 7?

No te preocupes. Lo importante es saber cómo redimirse y fortalecerse con las virtudes opuestas al vicio puntual.

Cerremos con algunos pensamientos para que tu benchmarking se convierta en un motor de innovación.

El primer criterio es ¡¡NO IMITES!!

Repetimos: N🚫O🚫 I🚫M🚫I🚫T🚫E🚫S🚫

¿Se entendió? En vez de hacer una mera imitación de tu competencia podés ver lo bueno que hace, pero para darle una vuelta, adaptarlo, mejorarlo, simplificarlo, subirle la vara. Se te va a hacer mucho más fácil considerás estas cuatro cosas:

* Fijá objetivos claros: dale un propósito a tu esfuerzo de benchmark, que no sea solo un ejercicio de acumulación de datos. * Subí a otras áreas a la mesa benchmarkera: además de marketing, sumá a producto, comercial, ingeniería, las áreas que hagan sentido. * Fijá un criterio para el equipo: no todo lo que hace la competencia es replicable o siquiera útil. Miremos lo que nos sirve o nuestro mercado reclama. * Priorizá la calidad sobre la cantidad: es mejor profundizar en pocos aspectos clave que dispersarte en mil acciones o métricas irrelevantes.

El benchmarking siempre te tiene que llevar a ser una mejor versión de vos mismo, que se recorte de la de otros. Lo que todas las marcas buscan es siempre lo igual: destacarse por sobre el ruido competitivo.

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¿Qué te ilumina? Neurociencia para la creatividad

El título de este snack 🍦no es una pregunta inocente, es un un truco de neurociencias que te servirá como herramienta poderosísima hacer un trabajo superlativo e innovador. Podés usarla como pregunta reflexiva para vos, para tu equipo o para el trabajo que estés realizando.

 

¿Qué te ilumina?

😌 Si te lo preguntás a vos mismo, descubrirás qué necesitás para pensar mejor, qué estímulos o contextos te ayudan a innovar y fluir en ese momento y lugar.

😍 Si se lo preguntás a un coequiper, lo ayudará a parar, reflexionar, desbloquearse y volver a encauzar su flujo de pensamiento creativo.

✏️ Si se lo preguntás al proyecto que estés haciendo, te ayudará a encontrar aquello que le falta o podría mejorarse para quedar superlativamente bien. Te parás en frente de tu obra y se lo preguntás. Vas a ver que te da respuestas.

🤦 Si se lo preguntás a un foco de luz, te responderá que la corriente eléctrica.

🙏 Perdón. No te vayas. Sigamos, retomamos la seriedad.

 

Neurociencias: ¿por qué una pregunta y no una afirmación?

Todo se trata del verbo activar. Según las neurociencias, hacer y hacerse preguntas activa procesos cognitivos fundamentales que favorecen la creatividad, el aprendizaje y la resolución de problemas.

Las preguntas abiertas son una de las herramientas más poderosas para expandir el pensamiento. Hacer preguntas como “¿Qué pasaría si…?” o “¿Cómo podría mejorar esto?”, activa la red de modo por defecto, una parte del cerebro que se asocia con la imaginación y la generación de ideas novedosas.

Preguntarnos también activa la curiosidad, y la curiosidad libera dopamina, lo que aumenta la motivación y el placer al buscar respuestas.

Preguntarnos dirige la atención hacia un objetivo concreto y ayuda a filtrar la información relevante y a descartar distracciones, mejorando la capacidad de análisis.

Las preguntas abiertas son como motores mentales, que generan conexiones inesperadas y despiertan nuevas ideas.

 

¿No están exagerando?

De verdad que no. Funciona, probala. Quizá, la palabra “iluminar” pueda sonar grandilocuente. Al fin y al cabo es sólo comunicación, no filosofía ni religión.

Pero en Gratia creemos que la creatividad y todo lo que hacemos tiene que iluminar. Marcas, análisis, insights, mensajes, emociones, ideas, campañas. Si una agencia no hace eso, ¿qué hace?

Sólo la iluminación provoca innovación.

 

Es inagotable. Se vive siempre diferente.

No a todos nos iluminan las mismas cosas. No a todas las marcas lo mismo.

¿Qué es iluminarse para una marca? Resplandecer, inspirar, destacarse del montón, generar lazo emocional con su target.

¿Qué es iluminarse para una persona? Cualquiera lo sabe: es el descubrimiento de una respuesta nítida y novedosa a un problema, pequeño o grande, puntual o existencial.

Eso es iluminar.

Trastocar a algo o alguien.

Distinguirlo.

Descrearlo, recrearlo, reinventarlo, redescubrirlo.

 

Para nosotros, es un premio difícil, pero cotidiano.

La iluminación –la innovación- no llega fácil.

Implica esfuerzo y tiempo para vencer a un ejército de inercias, hojas en blanco, resistencias, excusas, ganas, tiempos, preconceptos, mediocridades y miedos. Propios o de otros.

La creatividad es un premio, no una premisa.

 

Para el cliente, es una provocación.

Para hacer bien nuestro trabajo, necesitamos del cliente. Si por alguna causa, esa persona prefiere la inercia o le teme a la creatividad, el producto final quizá no sea tan disruptivo. Preguntarnos ¿Qué te ilumina? puede contribuir a repensar las cosas juntos.

Siempre pasó y siempre pasará: frente a cualquier idea (un plan para ir a Marte o el nombre de tu primer perro), siempre habrá alguien con la última palabra para aprobar o vetar. Todo se cifra en ese momento.

Si así es la realidad, estaría bueno que esa última palabra sea una respuesta. La respuesta a ¿qué te ilumina?

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UGC: dejá que tu audiencia escriba la campaña.

¿Hay que aprender otra sigla más? ¿En serio? ¿Se prouncia “ugecé” o “iushisí”? Paciencia, queridos snackeros, les aseguramos que este snack 🍒les ayudará a conseguir mejores resultados, tanto si sos marketer como comunicador interno. Garantiza Gratia. Ahre.

El User Generated Content (UGC, pronuncialo como quieras) o Contenido Generado por el Usuario, es el nuevo oro de las marcas.

Si no nos creés, pensá en vos mismo: ¿no te atrae o le das credibilidad al contenido hecho por personas? ¿No te parece más convincente que un anuncio? Cero misterio, es pura psicología, porque en el UGC viven tres cosas: autenticidad, credibilidad y alcance.

Es auténtico porque nace de la experiencia real y espontánea de los consumidores. Y la autenticidad es un valor en un mundo saturado de ruido.

Es creíble porque las recomendaciones de personas pesan más que cualquier comunicación de una empresa. Si ves a alguien utilizando y disfrutando de un producto, es más probable que te sientas tentado a probarlo.

Y es viral (tiene alcance) porque un video divertido, una foto inspiradora o una historia conmovedora pueden convertirse en virales en cuestión de horas.

La suma de estas tres cosas es pura conexión y engagement.

   

Miedos, ¡afuera!

Muchos marketers o comunicadores tienen tres miedos que los frenan de implementar UGC. Acá te los contamos y te decimos cómo disolverlos:

1. Miedo a la autenticidad sin filtro: sí, la gente puede hacer cosas o usar palabras que una marca no haría o diría. Son las reglas del juego y es parte de la autenticidad en su forma más pura. Las historias reales contadas por usuarios reales resuenan más.

2. Miedo a la comparación: puede pasar que algún usuario te compare con otra marca. ¿Y? Si tu producto es bueno, no tengas miedo. Y las audiencias no son tontas, saben que las personas somos subjetivas, tenemos gustos y nadie tiene la última palabra sobre un producto.

3. Miedo a que publicará: ¿usará mal el producto? ¿Dirá algo que no es 100% adecuado? Es una gran oportunidad de involucrarte en la conversación, enseñar o divertirte y mostrar transparencia, generando confianza.

 

¿Cómo implementarlo?

¿De qué lado del mostrador estás? Comunicaciones de Marketing o Comunicaciones Internas. Bueno, te damos ideas para los dos:

Para comunicaciones de marketing:

* Concursos y promociones: creá incentivos para que compartan sus experiencias. * Espacios de feedback: implementá formularios donde los usuarios puedan compartir sus opiniones, y vos difundirlas. * Controles de caso de uso: pedile a los usuarios que filmen o publiquen videos sobre cómo usan tu producto. ¡Te vas a sorprender! * Desafíos creativos: involucrá a tu audiencia a crear contenido original que se ajuste a tu identidad. Esto es más trabajoso, pero con incentivos adecuados, la gente participa. * Y, en todos los casos, mostrá agradecimiento: un simple comentario o retuit puede marcar la diferencia.

Para comunicaciones internas:

* Invitá a participar de acciones: creá convocatorias simples, horizontales y claras. Desde hashtags hasta mostrar cómo se vive tal o cual política o beneficio, brindá a tus empleados una razón para compartir contenido. * Facilitá el proceso: proporcioná guías visuales o temáticas, pero dejá libertad creativa. Un equilibrio entre dirección y espontaneidad asegura calidad sin perder la frescura del contenido. * Promové, agradecé y reconocé: cuando un empleado genera contenido, destacalo. El reconocimiento motiva a otros a participar y refuerza el sentido de comunidad.

 

Hablemos de dinero.

¿Tenés mucho presupuesto? Qué suerte: podés usar al UGC como complemento de campañas más grandes. Mientras que las comunicaciones tradicionales hacen lo suyo, el UGC crea comunidad, complementa y llega a otras audiencias más difíciles de alcanzar.

¿No tenés mucho presupuesto? No pasa nada: hacé del UGC una filosofía de marca. De hecho, podés redefinir la forma en que interactuás con tu público.

Ejemplos sobran: desde la colaboración de LEGO con su comunidad para diseñar nuevos productos, hasta los fans de Starbucks compartiendo sus combinaciones personalizadas. Estas marcas no solo usan UGC, lo integran como parte de su ADN, e incentivan la participación de usuarios, que las posiciona en el centro de las conversaciones culturales.

 

Mucho o poco, no importa: que sea siempre.

Por si pensabas que era un nuevo espejito de colores, pues no: el UGC no es una moda pasajera. La próxima vez que planifiques una campaña, preguntate: ¿cómo puedo empoderar a mi audiencia para que escriba conmigo esta historia? Arriesgate. Probá. No pasa nada si no funciona; es parte del ensayo-error de todo lo que se hace en las redes. En un mundo saturado de mensajes, las voces auténticas tienden a destacar. Vale la pena correr el riesgo.

¿Opiniones?

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Seguridad psicológica = mentes creativas, corazones seguros.

Disclaimer: este snack 🍍 aplica a cualquier equipo de cuanta industria exista, no sólo a agencias.

 

Desde Gratia queremos compartir, no unas buenas prácticas, sino LA buena práctica que puede salvarte de estas dolorosas preguntas:

🤨 ¿Por qué otros equipos son más innovadores que el mío?

🥺 ¿Por qué, si contrato gente talentosa, se apaga?

🥴 ¿Por qué se me van los creativos y me quedan los poco innovadores?

Respuesta: casi seguro, por la seguridad psicológica que ofrecés como líder, equipo o empresa.

 

Amy sabe un montón.

Amy Edmondson es profe de Harvard y define a la seguridad psicológica como “la creencia compartida de que el equipo es un lugar seguro para asumir riesgos interpersonales”. Bajado a tierra, es la confianza de saber que podés proponer y hacer sin temor a ser humillado, ignorado o castigado.

Creenos: es el cimiento sobre el cual se construye la creatividad, y produce resultados incluso superadores a la habilidad de los individuos sueltos. Cuando esta seguridad existe, las personas naturalmente hacen estas cosas:

* Corren riesgos creativos: proponen o experimentan ideas audaces, aunque parezcan locas al principio. * Expresan: opiniones, pensamientos, inquietudes e inseguridades, sin miedo a las críticas. * Se bancan los errores: saben son parte del aprendizaje y que las fallas son oportunidades para crecer. * Aprenden y enseñan: hay confianza para pedir y dar feedback constructivo, lo que energiza al grupo.  

¿En tu equipo eso no pasa? Luz amarilla: la creatividad no florece bajo intimidación. Veamos cómo revertirlo.

 

Si sos líder, esta sección es para vos:

Crear seguridad psicológica depende, pura y exclusivamente, del líder y la cultura o subcultura que fomente. Acá te damos unos accionables básicos:

1. Sé modelo: promové el diálogo, escuchá activamente y valorá la diversidad de perspectivas. 2. Celebrá los experimentos: reconocé que los errores por experimentación (no por negligencia) son parte del proceso creativo. Creá un clima donde se valore el aprendizaje y se celebre la prueba, aunque no siempre se logre el éxito deseado. 3. Reconocé las contribuciones individuales: felicitá los logros, grandes o pequeños. Reconocer refuerza la seguridad y la autoestima del equipo.

Tené en cuenta que las personas tendemos a proyectar en otros nuestros propios defectos. Mirate al espejo y reflexioná con honestidad: ¿estás creando un ambiente seguro para tu equipo? Cuando das feedback, ¿polinizás o marchitás? ¿Aceptás desafíos a tus ideas? ¿Permitís comentarios o mejoras a lo que a vos proponés?

¿Te podemos sugerir algunas ideas para que eso suceda? Bueno, dale:
1. Pinchá el ego. Suele resolver el 80% del problema. 2. Hablá con tu equipo y preguntales cómo se sienten cuando interactúan con vos, y qué necesitan para sentirse más seguros y creativos. 3. En la diaria, dejá que te den feedback, porque éste siempre es bidireccional. Pedilo, hacé reuniones retrospectivas, que te ayuden a ver si hay algo que podés mejorar. Y comprometete a hacerlo. 4. Practicá la escucha activa. Escuchar no solo significa oír. Significa alentar y hacer preguntas relevantes para validar las contribuciones de las personas y reforzarles que sus ideas importan. Por ejemplo, usá frases como “Eso es interesante, ¿podrías desarrollarlo?” o “Explicanos más…”, “¿Cómo te imaginás que…?” y preguntas que abran y no cierren. Dales el espacio para que contribuyan y piensen. 5. Reconocé el esfuerzo, no sólo el éxito. Cuidado con esto: si sólo celebrás los resultados finales, podrías estar desincentivando la experimentación. Cambiá la mirada y detectá también cosas buenas para reconocer y reforzar, en vez de sólo indicar lo que no salió bien. 6. Pinchá el ego. Ya lo dijimos, pero se vuelve a inflar rápidamente.

 

Si tenés miedo al conflicto dentro del equipo, esta sección es para vos:

El desacuerdo y el debate apasionado pueden ser motores de ideas innovadoras. El secreto es gestionar el conflicto de manera constructiva.

Enseñale a tu equipo la diferencia entre atacar un problema o una idea y atacar a una persona: las personas son sagradas; las ideas son para pegarles hasta pulirlas y hacerlas brillar, o descartarlas si hay ideas mejores.

La creatividad no nace del miedo o el verticalismo, sino de la libertad y el debate.

 

¿La seguridad psicológica es lo mismo que el buen clima laboral?

No. Puede haber un buen clima con un amo que piensa y 20 esclavos que obedecen. Acá se trata de lograr que todos piensen.

 

Sí se puede.

Podés evitar que tu equipo sea un Triángulo de las Bermudas de la creatividad. ¿Rotaste un montón personas, cambiaste 20 agencias o consultoras y ninguna funcionó? Quizá vos seas la causa.

Como líder (o cliente), tenés el poder de cultivar ese entorno en donde los talentosos brillen, las ideas fluyan y los experimentos se vean como parte del aprendizaje. Ojalá este artículo contribuya a ello.

Para nosotros es un placer trabajar para empresas de ese tipo: podemos co-crear, podemos proponer, volar y presentar iniciativas. Si tu empresa es así, te felicitamos. Ah, avisanos y hacemos algo juntos, ¿dale?

¿Opiniones?

Gracias por leer este Gratia snack. ¡Ahora andá a crear algo increíble!

Para un deep-dive de este artículo, visitá el episodio del podcast.

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Propósitos unidos, jamás serán vencidos.

Todo sería más fácil si vendiéramos vasitos de Telgopor: viene una empresa NN, te pide 500 vasitos, y listo; ni te importa a qué se dedica. Pero como nuestro servicio es la comunicación, somos muy selectivos con quién trabajar.

Y como nos sentimos orgullosos de ser elegidos por clientes que hacen una diferencia positiva en el mundo, queremos compartirte cómo esto impacta en el rendimiento del equipo.

Eso será el quid de todo lo que sigue en este snack 🫐 ¡Disfrutalo!

 

Ser o no ser.

Cada marca llega a nosotros con una necesidad de comunicación, claro, pero también con una historia y un propósito que la impulsa.

Además de mirar qué hace, queremos entender por qué lo hace, su impacto positivo en el mercado, la sociedad y el planeta.

Ahí es donde encontramos (o no) la chispa que conecta su razón de ser con la nuestra, y nos impulsa a poner nuestro talento a su servicio, con la motivación de saber que contribuimos a algo más grande y que lo que hacemos llega a millones de personas. Y todo cobra otra escala.

El mindsetting cambia: ya no sentimos que estamos creando campañas o analizando comunicaciones, sino contribuyendo a narrativas que, en última instancia, mejoran vidas.

Suena romántico, pero no lo es. Es estratégico y diferenciador, porque trabajar para algo en lo que no creés (o peor, va contra tus valores) no está bueno.

Comunión de propósitos: el del cliente y el nuestro.

Cada cliente tiene su razón por la cual existe. La nuestra es hacer un trabajo superlativo, que nos realice como personas. Y para lograrlo, necesitás de cuatro cosas:

1. Creer en el porqué de lo que hacés. 2. Entender la importancia de lo que hacés. 3. Que te guste lo que hacés. 4. Hacer superlativamente bien lo que hacés.

Este es el cuarteto mágico. Si complementamos los propósitos, se forma una unidad invencible y un vínculo a largo plazo que produce un mejor producto creativo y estratégico.

 

Esto mejora la gestión.

Nuestro rol como comunicadores es contar la verdad, de la manera más creativa, impactante y memorable posible. Se hace mucho más fácil cuando lo hacés para alguien a quien admirás y para algo en lo que creés.

Uno de los pilares en Gratia es transmitir a nuestros equipos la escala real de sus tareas. Para nosotros, no hay pieza pequeña ni proyecto insignificante. Por eso, conectar con el propósito de nuestros clientes es importante por varias razones que pueden parecer ombliguistas, pero son beneficiosas para ellos:

* Potencia el engagement interno: nos compromete con el trabajo. * Nos vuelve más creativos: sí, entender el fin último de algo, permite que pensemos con más amplitud. * Nos motiva: cuando sabemos que lo que hacemos impacta en millones, bueno, ya no hay contribuciones irrelevantes.

Cuando podemos, tratamos de compartir historias de éxito con nuestros equipos para mostrarles cómo nuestro trabajo está haciendo una diferencia real.

 

La conexión con el otro.

Nos encanta trabajar con clientes con propósitos que se alineen a nuestros valores. Y nótese que dijimos CON QUIÉN y no PARA QUIÉN trabajar. Porque no trabajamos para marcas, sino para personas que trabajan en marcas.

Cuando creamos conexiones profundas con esas personas, nos inspiramos, nos potenciamos y nos desafiamos juntos, haciendo de nuestro trabajo un verdadero motor de impacto positivo.

Si sos una agencia y tenés clientes así, qué maravilla.

Si sos un cliente con un gran propósito y buscás quien crea en él y contribuya para lograrlo, holis.

Gracias por leer este Gratia snack. ¡Ahora andá a crear algo increíble!

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