Seguridad psicológica = mentes creativas, corazones seguros.

Disclaimer: este snack 🍍 aplica a cualquier equipo de cuanta industria exista, no sólo a agencias.

Desde Gratia queremos compartir, no unas buenas prácticas, sino LA buena práctica que puede salvarte de estas dolorosas preguntas:

🤨 ¿Por qué otros equipos son más innovadores que el mío?

🥺 ¿Por qué, si contrato gente talentosa, se apaga?

🥴 ¿Por qué se me van los creativos y me quedan los poco innovadores?

Respuesta: casi seguro, por la seguridad psicológica que ofrecés como líder, equipo o empresa.

Amy sabe un montón.

Amy Edmondson es profe de Harvard y define a la seguridad psicológica como “la creencia compartida de que el equipo es un lugar seguro para asumir riesgos interpersonales”. Bajado a tierra, es la confianza de saber que podés proponer y hacer sin temor a ser humillado, ignorado o castigado.

Creenos: es el cimiento sobre el cual se construye la creatividad, y produce resultados incluso superadores a la habilidad de los individuos sueltos. Cuando esta seguridad existe, las personas naturalmente hacen estas cosas:

* Corren riesgos creativos: proponen o experimentan ideas audaces, aunque parezcan locas al principio. * Expresan: opiniones, pensamientos, inquietudes e inseguridades, sin miedo a las críticas. * Se bancan los errores: saben son parte del aprendizaje y que las fallas son oportunidades para crecer. * Aprenden y enseñan: hay confianza para pedir y dar feedback constructivo, lo que energiza al grupo.

¿En tu equipo eso no pasa? Luz amarilla: la creatividad no florece bajo intimidación. Veamos cómo revertirlo.

Si sos líder, esta sección es para vos:

Crear seguridad psicológica depende, pura y exclusivamente, del líder y la cultura o subcultura que fomente. Acá te damos unos accionables básicos:

1. Sé modelo: promové el diálogo, escuchá activamente y valorá la diversidad de perspectivas. 2. Celebrá los experimentos: reconocé que los errores por experimentación (no por negligencia) son parte del proceso creativo. Creá un clima donde se valore el aprendizaje y se celebre la prueba, aunque no siempre se logre el éxito deseado. 3. Reconocé las contribuciones individuales: felicitá los logros, grandes o pequeños. Reconocer refuerza la seguridad y la autoestima del equipo.

Tené en cuenta que las personas tendemos a proyectar en otros nuestros propios defectos. Mirate al espejo y reflexioná con honestidad: ¿estás creando un ambiente seguro para tu equipo? Cuando das feedback, ¿polinizás o marchitás? ¿Aceptás desafíos a tus ideas? ¿Permitís comentarios o mejoras a lo que a vos proponés?

¿Te podemos sugerir algunas ideas para que eso suceda? Bueno, dale:

1. Pinchá el ego. Suele resolver el 80% del problema. 2. Hablá con tu equipo y preguntales cómo se sienten cuando interactúan con vos, y qué necesitan para sentirse más seguros y creativos. 3. En la diaria, dejá que te den feedback, porque éste siempre es bidireccional. Pedilo, hacé reuniones retrospectivas, que te ayuden a ver si hay algo que podés mejorar. Y comprometete a hacerlo. 4. Practicá la escucha activa. Escuchar no solo significa oír. Significa alentar y hacer preguntas relevantes para validar las contribuciones de las personas y reforzarles que sus ideas importan. Por ejemplo, usá frases como “Eso es interesante, ¿podrías desarrollarlo?” o “Explicanos más…”, “¿Cómo te imaginás que…?” y preguntas que abran y no cierren. Dales el espacio para que contribuyan y piensen. 5. Reconocé el esfuerzo, no sólo el éxito. Cuidado con esto: si sólo celebrás los resultados finales, podrías estar desincentivando la experimentación. Cambiá la mirada y detectá también cosas buenas para reconocer y reforzar, en vez de sólo indicar lo que no salió bien. 6. Pinchá el ego. Ya lo dijimos, pero se vuelve a inflar rápidamente.  

Si tenés miedo al conflicto dentro del equipo, esta sección es para vos:

El desacuerdo y el debate apasionado pueden ser motores de ideas innovadoras. El secreto es gestionar el conflicto de manera constructiva.

Enseñale a tu equipo la diferencia entre atacar un problema o una idea y atacar a una persona: las personas son sagradas; las ideas son para pegarles hasta pulirlas y hacerlas brillar, o descartarlas si hay ideas mejores.

La creatividad no nace del miedo o el verticalismo, sino de la libertad y el debate.

¿La seguridad psicológica es lo mismo que el buen clima laboral?

No. Puede haber un buen clima con un amo que piensa y 20 esclavos que obedecen. Acá se trata de lograr que todos piensen.

Sí se puede.

Podés evitar que tu equipo sea un Triángulo de las Bermudas de la creatividad. ¿Rotaste un montón personas, cambiaste 20 agencias o consultoras y ninguna funcionó? Quizá vos seas la causa.

Como líder (o cliente), tenés el poder de cultivar ese entorno en donde los talentosos brillen, las ideas fluyan y los experimentos se vean como parte del aprendizaje. Ojalá este artículo contribuya a ello.

Para nosotros es un placer trabajar para empresas de ese tipo: podemos co-crear, podemos proponer, volar y presentar iniciativas. Si tu empresa es así, te felicitamos. Ah, avisanos y hacemos algo juntos, ¿dale?

¿Opiniones?

Gracias por leer este Gratia snack. ¡Ahora andá a crear algo increíble!

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La psicología de la creatividad en equipos de alto rendimiento

En Gratia nos hicimos esta pregunta: ¿qué pasa si dejamos de ver la creatividad como un acto heroico individual y la abordamos como un fenómeno colectivo? Es decir, sin que sea exclusiva del área creativa, sino amplia, donde todos formamos un enjambre de mentes creativas. Ahí es donde las cosas se ponen interesantes. Pero muy desafiantes.

Como primer paso, hay que entender que los equipos de alto rendimiento creativo no surgen por casualidad, sino que se diseñan y nutren de ciertos factores básicos. A nuestro criterio, son cuatro, nada más:

1. Seguridad psicológica. 2. Diversidad cognitiva. 3. Flujo de trabajo efectivo. 4. Manejo del conflicto constructivo.

Veamos cada uno, en su versión snack 🍓

 

1. Seguridad psicológica: sin confianza, no hay ideas locas (ni brillantes).

Imaginá una reunión creativa: todos están callados, mordiéndose las uñas, porque alguien del equipo suele desarmar las ideas más arriesgadas con una mirada. Resultado: pura mediocridad.

La seguridad psicológica, un término popularizado por Google en su estudio Project Aristotle, es la base para la innovación en equipo. Es la sensación de que cualquiera puede proponer ideas (incluso absurdas) sin miedo al juicio o la humillación.

Te damos un par de tips: el primero, ¡escuchá! Creá espacios en donde todas las ideas sean escuchadas antes de ser evaluadas o rechazadas. Hay dinámicas que ayudan, como romper el hielo con “el peor concepto posible” y generar risas… o genialidades inesperadas.

El segundo tip: frená al que genera inseguridad en otros. Si sos vos, replanteate la manera en que confrontás o hacés sentir inseguros a los otros. Si es alguien de tu equipo, tené una conversación profunda mostrando los efectos que produce su sabelotodismo y maneras de minimizar o confundir a los demás.

 

2. Diversidad cognitiva: más mentes distintas, menos cajas de resonancia.

Que todo pensemos igual es comodísimo, pero la creatividad ama los choques de perspectivas. Los equipos con diversidad cognitiva (distintos estilos de pensamiento, experiencias y enfoques) son más rápidos y ricos para resolver problemas complejos.

Sin embargo, cuidado con la trampa de la diversidad: no se trata sólo de sumar perfiles exóticos al equipo; es cuestión de hacer que esas diferencias sumen, no choquen o sean imposibles de integrar. Ser exótico no significa ser talentoso, ni mucho menos contributivo.

Cuando vayas a armar un equipo, mezclá disciplinas y dejá en claro lo que cada uno sabe y en lo que puede contribuir. Un creativo publicitario trabajando con un data scientist o un UX designer puede crear ideas que de otro modo nunca habrían nacido.

 

3. Flujo de trabajo: o flow, para los amigos.

¿Escuchaste hablar del estado de flow? Es ese momento en que el tiempo vuela porque estás completamente inmerso en una tarea. Ahora, imaginá a todo un equipo entrando en ese modo sincronizado.

Para que ocurra, las tareas deben ser lo suficientemente desafiantes para estimular, pero no tanto como para generar frustración. Además, las interrupciones constantes (notificaciones, reuniones innecesarias) son el enemigo número uno del flow.

Para evitar que los equipos creativos pasen su tiempo en tareas “manuales” como buscar información o coordinar entregas, una excelente y necesaria idea es automatizar procesos. Esto libera espacio para el pensamiento estratégico y las ideas brillantes.

Nuestro consejo es que automatices todas las cosas rutinizables, para no perder tiempo en tonterías manuales. Y procurá diseñar “bloques de creatividad” en el calendario del equipo, libres de distracciones, en donde todos entiendan el propósito detrás de ese espacio, porque un objetivo claro fomenta el enfoque.

 

4. Manejo del conflicto constructivo: la fricción adecuada enciende chispas.

Los grandes equipos no evitan el conflicto, lo usan como motor. La clave está en diferenciar el conflicto destructivo (peleas personales, egos descontrolados) del conflicto constructivo, ése que surge cuando las ideas se desafían con respeto, ánimo constructivo y curiosidad. Luchan las ideas, no los egos. Se busca llegar a la verdad, no ganar una discusión.

Los equipos que practican debates constructivos tienden a producir soluciones más innovadoras. ¿La razón? La fricción bien manejada obliga a pensar más allá de lo obvio, los egos se pulen y las ideas son más ricas.

Esto es un tema cultural. Si en tu equipo hay reglas del juego claras para el debate, todo es más sencillo. La básica es que se atacan las ideas, no a las personas. Hay herramientas super útiles para ayudar a los inseguros o introvertidos, como el brainwriting (escribir ideas antes de discutirlas), que nivelan el campo y dan voz a los que les cuesta hablar.

 

¿Y ahora qué?

Como vimos, creemos que un equipo creativo no es un grupo de genios aislados, sino una máquina bien aceitada donde cada engranaje cumple su función (perdón la metáfora del siglo XIX). Esto requiere liderazgo consciente, sistemas de trabajo bien diseñados y, sobre todo, una cultura que valore tanto el riesgo como el respeto.

Si sos líder o formás parte de un equipo, podés preguntarte:

* ¿Estoy fomentando la confianza para que todos se animen a aportar? * ¿Estoy aprovechando la riqueza de perspectivas en mi equipo? * ¿Cómo puedo optimizar los flujos de trabajo para liberar más tiempo creativo? * ¿Estamos debatiendo las ideas de manera constructiva, o sólo evitando conflictos?

La creatividad colectiva no es un arte misterioso, es una ciencia aplicable. Así que, la próxima vez que tu equipo enfrente un desafío, recordá: no necesitás más tiempo o presupuesto. Sólo necesitás hacer que las condiciones sean las adecuadas para que las ideas fluyan y las personas se sientan seguras y estimuladas para contribuir.

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¡La improvisación estratégica existe!

En Gratia pensamos que planificar es humano, pero improvisar es divino. Bueno, no exageremos, pero sí es verdad que ser buenos improvisadores es una necesidad para cuando lo inesperado suceda. Y siempre sucede.

Como paso inicial, desaprendamos: la improvisación suele ser vista como el último recurso, algo para chantas, una especie de solución de emergencia que surge cuando los planes fracasan. Sin embargo, en un entorno donde las reglas cambian tan rápido (como con las tendencias de TikTok o una emergencia reputacional) la improvisación no sólo es útil, es esencial.

 

¿Qué significa improvisar estratégicamente?

Lo contrario a actuar al azar o sin preparación. La improvisación estratégica se basa en tener una estructura sólida que permita ajustes rápidos.

Traducido a marketing o comunicación, significa tener objetivos claros, pero marcos flexibles. Por ejemplo, el saber que tu campaña busca aumentar el conocimiento de marca, te da la libertad de probar nuevos mensajes o canales si algo inesperado sucede, como un cambio cultural o económico, o un emergente en los medios, como el “andá payá, bobo”. Con una agencia despierta (holis) y un margen de libertad, lo podés aprovechar casi en tiempo real.

 
Ser ágil no significa ser caótico; significa estar preparado para el caos (linda frase, ¿eh?)  

Tres racionales por si te preguntan por qué prepararse para improvisar:

1. Lo más importante es que aumenta la conexión con la audiencia: adaptarse a las conversaciones cambiantes demuestra empatía, frescura y compromiso. Si la audiencia está hablando de algo y vos te subís rápido, el impacto es mayor. Acá te dejamos los ejemplos de Oreo y Casio. 2. Podemos acelerar la toma de decisiones: prepararnos y armar protocolos con márgenes para improvisar, nos permite accionar rápidamente, sin estresar la línea de aprobaciones. 3. Mejora la calidad de las decisiones: reaccionar a tiempo está bien, pero tener claro nuestras posibilidades y límites ante oportunidades o riesgos, permite salir a decir cosas relevantes y evitar meter ruido.

 

Objetivo claro, mente abierta: te damos tres claves para improvisar estratégicamente.

1. Conocé tu propósito e identidad de marca.

Antes de reaccionar ante un cambio, preguntate: ¿esto ayuda o se desvía de la construcción de marca? ¿Cómo reaccionaría una persona normal? En momentos de presión, es fácil tomar decisiones impulsivas. Pero los mejores marketers saben que cada pivote debe alinearse con la meta principal.

Ejemplo práctico: durante la pandemia, marcas como Nike ajustaron su mensaje para enfocarse en el bienestar en casa, pero nunca perdieron de vista su objetivo de inspirar movimiento y deporte. Sus campañas de “Play Inside” no sólo fueron relevantes, sino también coherentes con su misión de marca.

2. La velocidad es vital, pero también la reflexión.

Cuidado: en comunicación o publicidad, la velocidad o mata o salva. Reaccionar rápido a un cambio de mercado puede marcar la diferencia entre liderar una conversación o llegar tarde. Sin embargo, improvisar no significa ser el primero a toda costa. Se trata de ser el primero en aportar algo relevante. Re-le-van-te.

Los consumidores premian a las marcas que responden rápidamente a eventos sociales o culturales, pero también penalizan a aquellas que lo hacen de forma insensible, poco creativa o desconectada. Rápidos sí, tontos, no.

Por eso, antes de actuar o salir, es vital preguntarse: ¿esto aporta valor o sólo ruido? Y si no estás seguro, hay que repensar hasta encontrar algo relevante u original.

3. Va a pasar: prepará el kit de supervivencia para improvisar.

Parece un paradoja, pero la mejor improvisación es la que se prepara. Toda improvisación estratégica es más efectiva cuando tenés recursos listos para usar y un protocolo de acción para cuando suceda. Esta lista que te compartimos nunca será perfecta, pero te puede orientar:

* Activos versátiles: creá materiales que puedan ajustarse rápidamente (p. ej., visuales genéricos que admitan diferentes mensajes). * Equipos multidisciplinarios: pre-definí un equipo diverso para emergencias, que brindará perspectivas más ágiles y creativas ante problemas inesperados. Grupito de WhatsApp, ya te huelo. * Datos en tiempo real: tené a mano herramientas para medir conversaciones, como Google Trends o plataformas de monitoreo social para detectar cambios en las tendencias. Las redes como TikTok te muestran sus propios trends, así que ya tenés varios dashboards ad-hoc para ir tanteando.

Un caso de datos: cuando Spotify detectó un auge de canciones nostálgicas durante la pandemia, ajustó rápidamente sus mensajes para enfocarse en playlists que evocaran confort y familiaridad. Esto no sólo resonó emocionalmente, sino que también aumentó el engagement en un 30% en ese periodo.

Y esas serían las claves. Vamos cerrando con algunas consideraciones finales:

 

Como siempre, apelar al sentido común para saber cuándo callar, hablar o parar.

Hay un riesgo en improvisar: perderse en el momentum y desviarse del plan original. Esto se evita estableciendo puntos de control: evaluá constantemente si tu improvisación está funcionando o si necesita ajustes, pausas, silencios o, directamente, darle un sano stop. La flexibilidad no debe convertirse en confusión y ninguna improvisación debe sacarte de tu posicionamiento o tono de marca.

 

Y como volverá a pasar, mejor aprendé.

Improvisaste exitosamente para salir de una crisis o aprovechar una oportunidad, ¡felicitaciones! Pero volverá a suceder. Por eso, cada vez que realices un pivote, documentá todo, capturá el conocimiento, fijate en qué se trabaron y qué fluyó, y tratá de llegar a conclusiones universales. ¿Qué funcionó? ¿Qué no? ¿Qué aprendimos del proceso, equipos, competidores, métricas, audiencias, protocolos, comunicación entre nosotros? Todo sumará y ayudará para la próxima vez que haya que improvisar.

Suena raro decirlo, pero un buen Playbook de Improvisación se convierte en un activo valioso para el aprendizaje continuo, y te permitirá improvisar mejor para cuando vuelvas a necesitarlo.

Cerramos con una reflexión muy filosófica: ¿viste que hablamos de improvisación y jamás usamos la trilladísima metáfora del jazz? Punto para nosotros.

Gracias por leer este Gratia snack. ¡Ahora andá a crear algo increíble!

 
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