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Los 7 pecados capitales del benchmarking.

admin2025-02-12T19:19:43-03:00
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Pregunta, queridos snackeros, 🥪 ¿están totalmente seguros de que sus prácticas de benchmarking los impulsan hacia la innovación y no los están hundiendo en la mediocridad?

Si están 100% seguros, listo: saludos, nos vimos, besito.

Si tienen aunque sea un 1% de duda, desde Gratia ponemos en consideración algunos criterios, porque el benchmarking, si no se hace bien, es más un obstáculo que una ayuda.

Recordemos la sana naturaleza de esta disciplina: informarte éticamente sobre los otros jugadores, evitar el plagio y transformar la inspiración de terceros en diferenciación propia. 

Pero a veces hay metidas de pata que pueden arruinar el esfuerzo, por eso te presentamos los 7 pecados capitales que traban cualquier análisis competitivo eficiente. Empecemos.

1. La soberbia: creer que no necesitás benchmarking.

“Nosotros no necesitamos mirar a la competencia, somos únicos.”

“Somos los líderes de la categoría, nos copian a nosotros.”

¡Ah, bueno, sorry!

La realidad es que este pensamiento es el principio del fin. Ninguna marca opera en un vacío, y la soberbia puede cegarte ante amenazas o tendencias que podrías capitalizar. Kodak, Blockbuster y cientos de empresas líderes desaparecieron porque sus killer apps salieron de lugares inimaginables. Sentirse invulnerables y modélicos sin mirar alrededor, es peligrosísimo.

Redención: si sos líder en tu categoría, el benchmarking no es un signo de debilidad, sino de inteligencia estratégica. Adoptalo como una herramienta para evolucionar. Abrite a nuevas perspectivas y aprendé de los demás, benchmarkeate de otras industrias o de pequeños emprendedores locos y ágiles… suelen crecer.

2. La Avaricia: guardarte todo para vos.

Dentro de una empresa, el benchmarking no debería ser un proceso aislado en un área, sino multidisciplinario. Si estás en marketing, mirarás a la competencia bajo ese filtro. Pero alguien de ingeniería la mirará desde esa perspectiva. Y así con otras disciplinas: pricing, tecnología, logística, todo. Si los descubrimientos no se comparten con el equipo o no se traducen en acciones concretas que muestren el todo, sirven de poco. La avaricia de la información puede llevar a sesgos y puntos ciegos.

Redención: convertí el benchmarking en un ejercicio colectivo, un pool de información 360 (qué viejo sonó) para ver la realidad con todos sus matices.

3. La lujuria: fascinarte con tendencias o novedades vacías.

Lo nuevo siempre llama la atención, pero no todo lo que está de moda funciona para vos. La obsesión con las tendencias puede llevarte a perseguir objetivos que no son relevantes para tu marca, o que hasta la desposicionen.

Redención: Centrate en lo que funciona y genera valor. Estar al tanto de las últimas tendencias es importante, pero no te obsesiones con la novedad. Evaluá si una tendencia está alineada con tus objetivos de negocio antes de invertir en ella.

4. La Ira: la comparación obsesiva, o abandonar el proceso al primer no-descubrimiento.

Por un lado, compararte obsesivamente con los demás puede ser frustrante y desmotivador; nunca serás igual. Y por otro lado, no todos los benchmarks producen resultados inmediatos. La frustración puede llevarte a abandonar el proceso antes de tiempo.

Redención: concentrate en tus propias fortalezas y en cómo mejorarlas dentro de tu realidad, posibilidades, contexto y tipo de empresa. Y por otro lado, sé consistente, porque el benchmarking es un track a largo plazo de algo sumamente dinámico y cambiante. En pocos meses tendrás un cuadro mucho más rico que si hubieras abandonado al primer mes.

5. La Gula: analizar todo sin priorizar.

¡Pará, aflojá! ¿Vas a benchmarkear todo? El exceso puede paralizarte. Es fácil caer en la tentación de querer medir todo y perder de vista lo que realmente importa. Mapear la totalidad de tus competidores directos e indirectos es un objetivo inalcanzable; no todo es relevante y, a veces, menos es más.

Redención: definí objetivos claros (¿qué querés saber, para qué, de quién, para accionar cómo?) y enfocá tu análisis en las prácticas y métricas que realmente impacten en tu negocio. El resto es secundario, o directamente ruido.

6. La Envidia: obsesionarte con la competencia (o los líderes de la categoría).

Mirar demasiado la vereda de enfrente puede hacerte perder de vista tu propia casa. Si vivís imitando, nunca vas a liderar y, peor, te vas a camuflar con los que tengan más presupuesto que vos. La envidia te puede llevar al error de copiar tácticas sin adaptar el contexto ni considerar si realmente tienen sentido para tu marca.

Redención: inspirate, pero siempre adaptá, mejorá y, fundamentalmente, usá lo del otro para buscar algo totalmente distinto. Preguntate: ¿esto refuerza mi propuesta de valor o me aleja de ella? ¿Esto me mimetiza o me diferencia?

7. La Pereza: flojera del pensamiento y superficialidad del análisis.

¿Copiaste una métrica sin entenderla? Felicitaciones, acabás de perder el tiempo. Un análisis superficial solo te dará datos, no insights. ¿Publicaste en redes sociales el mismo chiste que tu competidor ? Felicitaciones, demostraste poca creatividad. La profundidad es clave: no se trata de saber qué hace tu competencia, sino por qué lo hace, cómo lo ejecuta. Copiar sin analizar es como querer construir un castillo de arena en una tormenta.

Redención: pensá de manera crítica. Preguntate siempre: ¿qué puedo aprender de este dato y cómo lo conecto con mi estrategia? ¿Qué puedo hacer diferente de mi competidor? No seas un simple imitador.

¿Te reconociste en alguno de los 7?

No te preocupes. Lo importante es saber cómo redimirse y fortalecerse con las virtudes opuestas al vicio puntual.

Cerremos con algunos pensamientos para que tu benchmarking se convierta en un motor de innovación.

El primer criterio es ¡¡NO IMITES!!

Repetimos: N🚫O🚫 I🚫M🚫I🚫T🚫E🚫S🚫

¿Se entendió? En vez de hacer una mera imitación de tu competencia podés ver lo bueno que hace, pero para darle una vuelta, adaptarlo, mejorarlo, simplificarlo, subirle la vara. Se te va a hacer mucho más fácil considerás estas cuatro cosas:

* Fijá objetivos claros: dale un propósito a tu esfuerzo de benchmark, que no sea solo un ejercicio de acumulación de datos.

* Subí a otras áreas a la mesa benchmarkera: además de marketing, sumá a producto, comercial, ingeniería, las áreas que hagan sentido.

* Fijá un criterio para el equipo: no todo lo que hace la competencia es replicable o siquiera útil. Miremos lo que nos sirve o nuestro mercado reclama.

* Priorizá la calidad sobre la cantidad: es mejor profundizar en pocos aspectos clave que dispersarte en mil acciones o métricas irrelevantes.

El benchmarking siempre te tiene que llevar a ser una mejor versión de vos mismo, que se recorte de la de otros. Lo que todas las marcas buscan es siempre lo igual: destacarse por sobre el ruido competitivo.

¿Opiniones?

Gracias por leer este Gratia snack. ¡Ahora andá a crear algo increíble!

Para un deep-dive de este artículo, visitá el episodio del podcast.

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